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dimecres, 11 de desembre del 2013

King Kenny Dalglish

En 1966, once años antes de batir el récord británico de un traspaso con su fichaje, el Liverpoolofreció una prueba a Kenny Dalglish. El futuro “rey Kenny”, entonces un muchacho regordete de 15 años, estuvo tan solo unos días en el equipo, y su momento más destacado fue cuando Bill Shankly lo llevó de vuelta al albergue. Por desgracia, el legendario técnico del Liverpool no consideró aquel encuentro tan memorable. Cuando Dalglish empezó a destrozar las defensas adversarias con el Celtic de Glasgow unos años más tarde, y Shankly descubrió, enojado, que el club había dejado escapar al jugador, se negó a creer que él mismo pudo haber sido el responsable, y ordenó una investigación. No dejaría de lamentarlo. Cuando se desplazó a Derby para asistir a un choque entre las selecciones sub-23 de Escocia e Inglaterra en 1972, otro de los escoceses del club, Ian Ross, le preguntó qué tal lo había hecho Dalglish. “No me hable de Dalglish”, se quejó. “Fue el único hombre dentro de la cancha. ¡Dios mío, qué jugador!”. Pasaron otros cinco años, hasta que el Liverpool se hizo al fin con sus servicios. Por aquel entonces Shankly ya había emprendido una nueva etapa, y Bob Paisley fue el entrenador responsable de su fichaje, que costó 440.000 libras. Pero eso no impidió a Shankly dar su parecer cuando se concretó la operación, ni recriminar al Celtic que ofreciese una segunda oportunidad al Liverpool. “Es lo más increíble que he visto nunca”, opinó. “Yo hubiera dimitido y abandonado el fútbol por completo antes que vender a un jugador tan brillante”.
Y si bien Shankly tardó en apreciar la auténtica valía del jugador, no puede considerársele el único responsable de haber prescindido de él once años antes. Después de todo, el Liverpool había pedido a Dalglish que se quedase un poco más de tiempo a prueba, a lo que este se negó. Su explicación fue que tenía que volver a su casa antes de someterse a otro examen, con el West Ham United. ¿Era cierto? “El Rangers jugaba contra el Celtic en Ibrox aquella noche”, confesaría luego. “Subí al tren en Lime Street y fui directamente al partido”.

diumenge, 17 de novembre del 2013

Tostão, la visión de una estrella

Pensar que todo en la vida tiene lógica puede ser algo muy discutible. Por ejemplo, el hecho de que la carrera de Tostão acabase antes de lo previsto no por una lesión de rodilla ni de tobillo, sino por un problema ocular, quizás sea algo absolutamente fortuito. Aun así, desde el punto de vista simbólico, parece cobrar sentido. Al fin y al cabo, la genialidad de Eduardo Gonçalves de Andrade como futbolista procedía de los ojos, y del cerebro inmediatamente conectado con ellos. A este ariete de pequeña estatura podían faltarle muchas cosas, pero eso sí le sobraba: visión de juego. “Yo destacaba por los pases, los regates en corto, la llegada al área para marcar y, principalmente, mi capacidad de anticipar las jugadas”, explica en Tostão: recuerdos, opiniones y reflexiones sobre el fútbol, libro publicado por DBA en 1997. “Tenía varios defectos que fueron disminuyendo a lo largo del tiempo, gracias a muchos entrenamientos diarios: casi disparaba solo con la pierna izquierda, cabeceaba mal, con los ojos cerrados, tenía poca velocidad en los espacios medios y largos, chutaba flojo desde fuera del área. Mi técnica, mis condiciones atléticas y mi velocidad no conseguían seguir a mi raciocinio. Pensaba rápido, pero muchas veces no hacía lo que quería. Pero sí practicaba mucho la autocrítica, siempre pensaba que podía jugar mejor”.
Tostão no necesita decir que tenía una gran capacidad de autocrítica. La descripción anterior llega a ignorar que estamos hablando de un futbolista que fue titular en una de las líneas ofensivas con mayor talento de la historia, la de la selección brasileña campeona de la Copa Mundial de la FIFA™ en 1970, y que cambió para siempre la faz de un club, el Cruzeiro. Dirigido por su fútbol brillante, se convirtió en uno de los grandes de Brasil durante el decenio de 1960, época en la que el país sudamericano estaba repleto de pesos pesados, empezando por el Santos de Pelé.

dimarts, 1 d’octubre del 2013

El día que el fútbol dio la razón a Italia. La Tragedia de Sarriá

Cuentan que diez años después del Mundial de 1982 en España aPaolo Rossi lo reconoció un taxista en Río de Janeiro y le invitó, muy poco amablemente, a abandonar el vehículo. Aún hoy, Rossi representa la segunda mayor decepción para el fútbol brasileño tras el gol de Ghiggia en Maracaná 32 años antes. Después delMaracanazo, está la Tragedia de Sarriá. Rossi fue una aparición súbita el 5 de julio de 1982 en el viejo estadio del Espanyol ante 44.000 testigos que aún se preguntan, sobre todo los italianos, cómo aquel delantero denostado tras dos años apartado del fútbol a causa de un caso de apuestas ilegales y amaño de partidos, un tipo que no era ni la sombra del goleador que anotó tres veces en el Mundial de Argentina cuatro años antes, incapaz de marcar acaso uno en el de España, se reveló como el gran héroe de la República. Antes de Rossi, nadie había firmado un 'hat trick' ante Brasil en una Copa del Mundo. Aquel día pagó de golpe la confianza ciega que Enzo Bearzot había depositado en él -el único que lo hizo- y de paso le quitó la razón a Telé Santana y a décadas de samba brasileña.
De cabeza, a los cinco minutos, el delantero de la Juve ya había adelantado a Italia tras un centro de Cabrini. Al poco tiempo, una combinación entre Sócrates y Zico derrumbó el muro transalpino y acabó con el gol del primero, pero un error de Cerezo sirvió a Rossi para adelantar de nuevo al conjunto europeo. No había transcurrido media hora de encuentro y Sarriá comenzaba a ser consciente de que aquella no era una tarde cualquiera. Allí se escribía la historia del fútbol, un giro inesperado en el guión previsto y cuyo desenlace obligó a Brasil a revisar sus principios básicos.Falcao volvió a empatar en la segunda mitad, pero de un nuevo error defensivo, esta vez en un córner, Rossi hizo su leyenda, completada ante Polonia en las semifinales (dos goles) y ante Alemania en la final (un gol). Tras empatar los tres encuentros de la primera fase, Italia acabaría por ganar aquel Mundial y, según Zico, en el fútbol ya nada volvería a ser igual.

dimarts, 24 de setembre del 2013

Argentina 78, un Mundial para esconder las atrocidades de la dictadura

"Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina", dijo con enorme seguridad João Havelange, el presidente de la FIFA, cuando el Mundial de fútbol se ponía en marcha en Argentina en el año 1978. "Argentina está ahora más apta que nunca para ser la sede del torneo", sentenció el ex dirigente brasileño. Sus palabras graficaban una imagen equivocada del país, una postal que calzaba perfecto con los intereses de Jorge Rafael Videla. El presidente del Gobierno de facto planteó un plan de comunicación y distracción preciso para que los argentinos desconocieran la situación real que se vivía a la vuelta de la esquina. La dictadura comandada por Videla encontró en el Mundial de 1978, el mejor telón para cubrir la obra macabra de la desaparición y la muerte.
Detrás de los gritos interminables de los goles de Kempes, estaban los gritos desesperados de los hombres y mujeres que desaparecían de sus casas, y eran torturados por las Fuerzas Armadas que gobernaban a la Argentina. El fútbol, el entretenimiento, la fiesta, fueron los actores de un circo montado y manipulado por los militares. De una obra dirigida por el dictador que hoy dejó de existir en la tierra.
"Duele saber que fuimos un elemento de distracción", dijoOsvaldo Ardiles, ex jugador de la Selección argentina, varios años después de haber jugado el Mundial. Porque los jugadores también fueron víctimas de un proceso en el que el engaño predominó sobre el deporte. A metros del estadio Monumental, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), servía como centro clandestino de tortura. El sufrimiento y la algarabía distanciados por algunas cuadras. Aquellas frases de Havelange le sirvieron a Videla para montar una imagen de la Argentina adecuada a su idea de país. Un lugar ordenado, con gobernantes de convicciones fuertes, y capaz de organizar un evento mundial en suelo nacional.Una verdadera patraña nacida de los cerebros militares y ejecutada con el fin de desviar la atención, del mundo y del propio país, hacia el deporte.
El fútbol fue primordial en la agenda de la dictadura militar.Ocupó un lugar importante desde el preciso instante en que Videla colocó un pie en la casa Rosada y puso en marcha el genocidio. Había que eliminar a las personas que pensaban diferente, a los subversivos que proclamaban las ideas anárquicas y a los militantes políticos que marcaban la contracara del poder reinante. La pelota girando en las canchas durante el año 1978, sería una pantalla apropiada para llevar adelante la idea original.
El Gobierno militar sabía que el fútbol era un deporte que movía pasiones y multitudes en Argentina. Contaban con esa ventaja para crear el mensaje que se emitiría durante la Copa del Mundo. El triunfo de la organización y, posteriormente, del equipo argentino, generaría un mayor consenso sobre el proyecto que imponía el Gobierno. En Argentina muchos lo creyeron, en el mundo supieron mirar detrás de las bambalinas.
El Mundial fue un instrumento de propaganda del proyecto, un atractivo para las miradas emocionadas por el evento y una barrera concreta para tapar las muertes generadas por la dictadura. Videla cumplió el papel protagónico en la película del campeonato. Gritó los goles mostrando sentimiento arraigado y le entregó la copa al capitán del equipo, Daniel Passarella.Buscó que su imagen se asociara con el fútbol, el orden, la alegría, la precisión en la organización.

dilluns, 9 de setembre del 2013

Lev Yashin, quizá el mejor portero de la historia

Considerado por muchos como el mejor portero de la historia del fútbol, el guardameta ruso Lev Ivánovich Yashin, conocido en el mundo futbolístico como “La Araña Negra”, comenzó siendo arquero de hockey sobre hielo en el equipo de la fábrica de herramientas en la que trabajaba durante la Segunda Guerra Mundial. Yashin nació el 22 de octubre de 1929 en Moscú en una familia obrera. Cuando el pequeño Lev tenía siete años apareció en las pantallas la película El Portero, basada en la obra El Portero de la República del escritor ruso-judío Lev Kassil y que muy pronto se convirtió en una de las producciones más ejemplares para los niños. El fútbol, en ese entonces, no era simplemente un deporte, era un juego heroico, romántico y muy atractivo. Quizás estas dos razones impulsaron a Lev a seguir el camino que más delante le traería muchos éxitos y también algunos fracasos.
Ya a mediados de los años 50 se convirtió en el mejor portero de la Unión Soviética. Tal nivel de juego lo adquirió gracias a los duros entrenamientos que tenía con su entrenador Alekséi, “El Tigre”, Jómich. La cantidad muy pronto se convirtió en calidad.
Yashin atajaba con clase y calidad, contrariamente a lo que se veía en aquella época. Incluso se atrevía a abandonar su portería para cortar alguna jugada de ataque del equipo contrario. El crecimiento de Lev influyó también en el desarrollo del fútbol en el país en general. En cuanto a su apodo, a Lev Yashin lo llamaban “la Araña Negra” debido a que en los partidos siempre usaba una camiseta negra de mangas largas, y además por sus largos brazos. Con Yashin en el arco, la URSS conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 y la Copa de Europa en 1960. Disputó tres Copas del Mundo: en 1958 en Suecia, 1962 en Chile y 1966 en Alemania, donde consiguió con su selección el cuarto lugar, tras perder frente a Portugal en el partido por el tercer puesto. 
A lo largo de su carrera fue además reconocido en once ocasiones como el mejor guardameta del país. Fue pentacampeón de la liga soviética y tricampeón de la Copa Soviética. Sumó un total de 326 partidos liga jugados, de los que 270 terminaron sin que su portería fuera abatida. El año 2000 fue nombrado por la FIFA como el mejor portero del siglo XX. Fue premiado con el Balón de Oro como el mejor futbolista de Europa en 1963, siendo el único portero que ha recibido tal galardón.

divendres, 6 de setembre del 2013

El milagro de Hereford

Cinco de febrero de 1972. Estadio de Edgar Street lleno hasta la bandera, con todos los aficionados dispuestos a ver al equipo local, el Hereford United, equipo de quinta división inglesa, intentar batir al Newcastle, equipo de First Division. Nadie esperaba ver lo que ocurrió en el terreno de juego ese día, cuando el modesto equipo de aficionados logró remontar al Newcastle para pasar la Tercera Ronda de la FA Cup. El mejor encuentro de la historia de la FA Cup.

dimecres, 4 de setembre del 2013

¿Hubiese dominado Yugoslavia el fútbol europeo?

Una imponente generación yugoslava conquistó el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA Chile 1987. Los hombres dirigidos por Mirko Josic, técnicamente superdotados, demostraron su clase a lo largo de todo el torneo, empezando por la primera ronda, en donde anotaron nada menos que 12 goles en tres partidos. Luego eliminaron en cuartos de final a Brasil, campeón del torneo anterior (2-1), pese a que los auriverdes habían abierto el marcador. Y en la final, los nervios del combinado balcánico fueron sometidos a una dura prueba, ya que se impuso a Alemania Occidental en la tanda de penales. Una trayectoria impecable, consecuencia de un dominio técnico y táctico impresionante. Como colofón, un cuarteto ofensivo de ensueño: Robert Prosinecki, Zvonimir Boban, Davor Suker y Predrag Mijatovic; y una retaguardia que desempeñó su cometido a la perfección, también con jugadores de gran técnica, como Igor Stimac, Robert Jarni o Branko Brnovic. Quizá el dominio del fútbol europeo hubiese cambiado considerablemente.

Las sorpresas
Los equipos europeos dominaron el torneo, ya que seis se clasificaron para cuartos de final y tres de ellos alcanzaron las semifinales (Alemania Oriental, Alemania Occidental y Yugoslavia). Esta hegemonía puso fin a la de Sudamérica, que se había llevado tres de los cuatro trofeos anteriores (Argentina en 1979 y Brasil en 1983 y 1985). Sin embargo, la sorpresa sí que vino del continente americano, y no fue otra que la del anfitrión, Chile. Al igual que sus mayores en 1962, los chilenos, jugando en casa, llegaron a semifinales. Al clasificarse segundos en el Grupo A, por detrás de una Yugoslavia intratable, los discípulos de Luis Ibarra tuvieron el temible privilegio de medirse con Italia en cuartos de final. Sortearon ese reto "a la italiana", es decir, marcando un único gol y en los últimos minutos. No obstante, en semifinales, los jóvenes chilenos, a pesar del apoyo de los 36,000 espectadores que se dieron cita en Concepción, se desplomaron ante una sólida Alemania encabezada por Marcel Witeczeck (4-0). Pero el cuarto puesto de Chile impresionó a todo el mundo.

La historia de Bert Trautmann, el portero nazi

La historia de Bert Trautmann, un nazi que terminó siendo ídolo en el fútbol inglés con el Manchester City. El ex futbolista vive ahora en Almenara, una población de Castellón. Historias únicas de fútbol.